
Retrospectiva 40/90
MEMORIAS URBANAS EN LA CIUDADELA EL TUNAL Y BARRIOS OBREROS DEL SUR
Las formas de hacer ciudad que se han seguido en la capital no solo han tenido impacto en la estructura y funcionamiento de la ciudad sino también en la formación de los tejidos sociales comunitarios. Este proyecto explora las transformaciones y memorias de las comunidades de la Ciudadela El Tunal, 40 años después del inicio de este proyecto urbano, y de las comunidades de los barrios de Santa Lucía, El Inglés, El Claret, El Carmen, Samore y San Carlos.
Génesis Territorial y Desarrollo de los Barrios Obreros
La investigación documenta la transformación del territorio sur de Bogotá, contrastando dos modelos de "hacer ciudad": la **vivienda obrera autoconstruida** con 90 años de historia (barrios como Santa Lucía, Claret e Inglés) y el proyecto de la **Ciudadela El Tunal**, que cumple 40 años. El origen de este sector se remonta a la década de 1920, cuando antiguas haciendas y zonas de chircales comenzaron a fragmentarse para dar paso a urbanizaciones impulsadas, en gran medida, por urbanizadores de la comunidad judía. Estos pioneros introdujeron trazados de mallas regulares interrumpidas por diagonales y rotondas, sentando las bases de una estructura urbana que permitía una alta permeabilidad y diversidad de usos.

El Tunal Experimental:
Innovación en la Vivienda Social
Hacia 1972, surgió el proyecto Tunal Experimental, un hito en la arquitectura estatal colombiana liderado por el Instituto de Crédito Territorial (ICT). Este modelo se fundamentó en un planteamiento minimizador del espacio y de bajo costo, utilizando una malla regularizadora de módulos de 3,2m x 3,2m. El diseño buscaba romper la serialidad monótona de la vivienda social de la época, otorgando al usuario una sensación de vivienda unifamiliar dentro de un bloque multifamiliar mediante el uso de colores vivos, formas geométricas y patios interiores.

La Ciudadela y el Concepto de "Ciudad dentro de la Ciudad"
En los años 80, la consolidación de la Ciudadela El Tunal introdujo el concepto de "ciudad dentro de la ciudad". Este modelo, promovido por entidades como el Banco Central Hipotecario (BCH), privilegió la construcción de grandes conjuntos cerrados y bloques de alta densidad. Si bien este enfoque resolvió el déficit habitacional, alteró la relación entre lo privado y lo público. La investigación destaca cómo las interacciones sociales se trasladaron hacia el interior de los conjuntos, generando en ocasiones zonas monofuncionales que desafían la vitalidad de la calle tradicional.

Metodología: Cartografía Social y Memoria Colectiva
El valor académico del libro reside en su metodología multiescalar. Se emplearon herramientas como el mapeo morfológico para analizar interfaces urbanas y la cartografía social para capturar las percepciones de inseguridad y apropiación de los habitantes. Las entrevistas a actores clave —desde el alcalde local hasta vendedores informales— revelan que la memoria urbana no es solo un registro del pasado, sino un instrumento de resiliencia comunitaria que otorga sentido a los posibles futuros del territorio.

Urbanismo Táctico y Recuperación de lo Público
Frente a problemáticas contemporáneas como el abandono de parques y la inseguridad post-pandemia, el libro propone el **urbanismo táctico** como estrategia de intervención. Estos proyectos de "acupuntura urbana" de bajo costo y alta participación comunitaria han permitido la recuperación de espacios críticos como la rotonda del Barrio Inglés y el parque del Colegio José María Córdoba. Estas acciones no solo mejoran la estética del entorno, sino que fortalecen el sentido de pertenencia y la seguridad ciudadana mediante el co-diseño.


Conclusiones:
Una Relación Simbiótica
Finalmente, la investigación concluye que existe una relación simbiótica fundamental entre la Ciudadela y los barrios obreros. Mientras que la Ciudadela aporta la infraestructura de parques metropolitanos y equipamientos como la Biblioteca El Tunal, los barrios obreros (Claret, Santa Lucía, etc.) proveen una rica oferta comercial y de servicios de la que carecen los conjuntos cerrados. Este ecosistema urbano híbrido constituye un patrimonio vivo que debe ser reconocido y protegido por su capacidad de generar tejido social y resiliencia en el sur de Bogotá.


